1,2 millones de toneladas, según Unexca El clima de septiembre
condicionará la cifra total, puesto que la campaña marcha con retraso.
Pocos contaban con el tiempo. Las malas condiciones
climatológicas que se han dado esta pasada primavera
han cortado de cuajo la recuperación de este cultivo
después de la grave crisis que atravesó hace unos años.
A pesar de la creciente competencia de los cereales,
esta campaña se cultivan 2.000 hectáreas más de tomate.
Sin embargo, los rendimientos serán mucho menores.
Las primeras estimaciones marcan que apenas se cogerán
1,2 millones de toneladas, un 15% menos que la campaña pasada.
Es una de las cosas que tiene el campo. Lo que es bueno para un
subsector es muy malo para otro. Las abundantes lluvias que cayeron
a finales de la pasada primavera sirvieron para remediar muchos males,
especialmente en la ganadería y, en menor medida, cultivos como los de secano.
Sin embargo, le vinieron muy mal a plantas como el tomate. Como es sabido,
los frutos crecen en matas a ras del suelo. Por eso el encharcamiento que
produce la lluvia es una fuente de enfermedades que merman el
rendimiento final.
A esto hay que unir los granizos que, de forma localizada, también han afectado
a algunas zonas de cultivo.
Desgraciadamente, esa merma de producto no se verá reflejada en un aumento
del precio del producto, como debería suceder en una economía de
libre mercado.
La razón está en que el tomate para industria, el que se cultiva en la región,
se rige por un sistema de contratos previos que se firman en el primer
cuatrimestre del año.
Por tanto, da igual lo que se coja, el precio ya está pactado.
Normalmente, comienzos de septiembre es una buena fecha para hacer
balance de la
campaña de tomate. Sin embargo, este año la campaña marcha más retrasada,
lo que dificultan los cálculos. La primavera lluviosa y el verano
relativamente suave han
hecho que el producto tarde más en madurar.
Más lentos
Según datos de la Unión Extremeña de Cooperativas Agrarias (Unexca),
el sábado de la semana pasada se había recolectado el 65% de
la superficie plantada.
Lo que equivale a un 55% de la producción. Como es lógico,
la recogida no se hace
de forma uniforme. Normalmente, las Vegas Bajas suelen
ir por delante de las Altas. Algunos se temen que la campaña
dure casi hasta octubre.
Así, las últimas estimaciones señalan que se va a cosechar
un 16% menos de lo que se ha contratado, que son
1,475 millones de toneladas. Así, la producción estaría en el
entorno de 1,23 millones, cerca de un 13%-15% menos de lo
que se cogió el año pasado (1,4 millones). La cifra tiene su
importancia, en cuanto que se corta la progresión de los últimos años.
Las penalizaciones en las ayudas a cuenta de la sobreproducción y la
consiguiente crisis hicieron que de los dos millones de kilos que se
cogieron en 2005 se pasara a sólo 1,3 millones la campaña siguiente.
En la pasada se cogieron 1,4 millones de toneladas pese de la
incertidumbre del sector, que no acababa de ver claro su futuro debido
a la inminente reforma de las reglas comunitarias.
El desacoplamiento de las ayudas, parcial hasta 2011, traía un poco
de luz a los tomateros extremeños. Con las ayudas aseguradas para
los productores de toda la vida, muchos se animaron a volver a plantar.
De hecho, la extensión de cultivo creció en 2.000 hectáreas,
hasta casi las 20.000. Sin embargo pudieron ser mucho muchas más.
La casualidad quiso que el año pasado se disparara el precio en
origen de los cereales. Eso hizo que muchos se decantaran por el maíz,
fundamentalmente, en lugar del tomate. Aunque ahora se paga menos,
aseguran en el sector que sigue siendo un cultivo interesante.
En menor medida, otro de los productos que también ha hecho
competencia ha sido el arroz, hasta tal punto que Extremadura
ha pasado a ser la primera productora a nivel nacional.
A comienzos de año se habían contratado casi 1,5 millones de
toneladas de tomate, lo que confirmaría esta curva ascendente.
No obstante, el clima ha trastocado los planes y deparará la peor
cosecha prácticamente desde comienzo de siglo. Y la cosa puede
ser aún peor. «Como la cosecha va este año retrasada, la producción
final dependerá en buena medida del tiempo que haga en este mes de
septiembre. Si llueve, las pérdidas serán mayores de las se prevén en
estos momentos», asegura Sebastián Trinidad, de Unexca.
Sin colas
Por otro lado, Trinidad admite que la mala cosecha tiene su parte mínimamente
positiva. «Dentro de lo malo, lo bueno es que este año las industrias
no presentan
aglomeraciones para recibir el producto, con lo que la campaña está
siendo fluida».
Efectivamente, uno de los problemas que se dan todos los años está en
los 'tapones'
que se forman durante las pocas semanas que dura la campaña de recogida.
Se trata de un problema que además se agudiza cuando la campaña va con retraso.
José María Sánchez es el gerente de la cooperativa Casat de Don Benito.
Confirma sobre el terreno lo que dicen los números, la campaña será mala.
«Lo será peor en las Vegas Altas. Por aquí se esperan mermas del 10% y
el 15%, siempre dependiendo de cómo se comporte el mes de septiembre.
Además, hay que tener en cuenta el pedrisco que ha caído en algunas zonas.
Hay explotaciones en el entorno de Guareña y Valdetorres que han
tenido pérdidas
del 100% de la cosecha». Si la cantidad es mala, parece que la
calidad va a ser buena.
«Incluso se espera que la media del 'grado brix' sea superior a lo
normal», afirma.
Los 'grados brix' son los parámetros que marcan el rendimiento que el
tomate tiene en fábrica.
Cuanto mayor es esta tasa, se necesitan menos kilos de tomate natural
para elaborar uno de concentrado.
¿Y los precios? «No están mal», comenta Domingo Fernández, de Acopaex.
El 50% de la ayuda acoplada viene suponiendo 1.100 euros por hectárea.
La otra mitad se reparte en función de los derechos históricos según la
producción de pasadas campañas. Subvenciones aparte, se está pagando
a unos 75 euros por tonelada. «Esto es como todo, el que coja muchos
kilos de rendimiento lo pasará mejor que el coja menos. Pero en todo caso,
con estos precios tenemos las mismas armas para competir que el resto de
Europa. Llevábamos unos años en los que estábamos en inferioridad de
condiciones», dice.
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